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miércoles, 6 de diciembre de 2017

Un sonido erótico al otro lado de la puerta


   Escucho sus tacones a través de la puerta, el sonido llega apagado, pero no por eso es menos erótico. Acerco mi mejilla a la puerta, mi respiración rebota en la madera y humedece mi rostro. Pego todo lo que puedo el ojo a la mirilla, en silencio, como un animal acechando a mi presa.

   Está preciosa, como siempre, aprieta el botón del ascensor con un dedo mientras con la otra mano juguetea con el móvil. Acaricio la superficie de la puerta con las yemas de mis dedos, me imagino que es su piel lo que estoy tocando y la erección no tarda en manifestarse. 

   No soporto seguir espiándola de esta manera, pero... ella es tan perfecta, con sus labios pintados de rojo, sus pestañas cortando el aire en cada parpadeo, su cuerpo enfundado en ese vestido de noche y su melena repisada sobre sus hombros desnudos; no cómo yo, un animal infame, una bestia presa de la condena que me he impuesto, viviendo entre mi propia basura, respirando el mismo aire una y otra vez... y otra... y otra, buscando el único contacto humano que soporto en las redes sociales y la pornografía barata de páginas webs japonesas.

   Una vez la vi por la mirilla hablando con mi madre, ésta había venido a dejarme en la puerta la comida y los nuevos medicamentos que el psiquiatra me había recetado. A veces mi madre me habla a través de la puerta, me pide que me cure pronto, que me echa de menos, que el mundo ya no es tan malo ahí fuera. Pero yo nunca le contesto ¿qué contestarle a una madre que solo puede esperar a que su hijo muera al otro lado de la puerta para poder verlo por última vez? Ese día tampoco le contesté y mi madre lloró y ella salió del ascensor y la consoló mientras mi madre le explicaba mi historia y le enseñaba viejas fotografías mías que llevaba en el monedero mientras intentaban entender por qué un chico tan guapo como yo se negaba a salir de casa. Ella la abrazó y la acompañó hasta el ascensor para que pudiera marcharse. Desde entonces, alguna que otra vez, cuando cree que nadie la está mirando, se acerca a mi puerta y pega la oreja a ella imaginándose qué clase de patético ser debe vivir aquí dentro, pero incluso entonces está preciosa, como ahora, esperando el ascensor para salir de fiesta este sábado por la noche.

   Yo seguiré aquí, esperando a que vuelva, esperando a que lo haga sola, no como aquella vez que volvió con compañía y a la mañana siguiente salió de su casa un chico a medio vestir y con cara de satisfacción. Seguiré esperando a que estas malditas paredes que me tienen preso de mi propio ser se derrumben sobre mí haciéndome desaparecer entre mi propia mierda para siempre. Pero sobre todo, Seguiré aquí, esperando a que llegue mañana para poder verla salir de nuevo tan guapa como lo está esta noche.

domingo, 22 de octubre de 2017

Legía


(Relato ganador del #DoReMicrosViajero de ME SUENAN TUS LETRAS de Septiembre)



   Mis lumbares piden clemencia y los discos vertebrales se esfuerzan por no reventar. Todo esto no estaría pasando si la Jenny no se hubiera hecho la estrecha conmigo en la fiesta del Lucas. Todo el mundo sabe que esa maldita zorra se la chupa a todo el instituto y ahora quiere hacerse la inocente.. Pero ¡joder!, como me quede clavado en esta postura no sé como coño voy a explicárselo a mi vieja cuando llegue a casa… pero… ¡joder! Lo necesito tanto. Todos hablan de ello en clase, todos vacilan que han tenido la polla dentro de una boca, pues bien, yo la voy a tener dentro de mi propia boca, y la verdad, tampoco creo que vaya a haber tanta diferencia.
   ¡Joder! por fin la alcanzo y la verdad ¡esto está de puta madre! ¡Joder! Tengo el diafragma tan presionado que se me van a salir los pulmones por la boca en cualquier momento, pero ¡hostia!, he de reconocerlo ¡que bien la chupo! Madre mía, no sé por qué coño no explican esto en las clases de educación sexual del insti en vez de tantas gilipolleces de responsabilidad y respeto, porque yo ahora mismo me tengo mucho respeto y me la estoy chupando que da gusto –nunca mejor dicho-, y además me quiero más que nadie.
   ¡Dios! Noto la forma de mi polla dentro de la boca, es sensacional, además, no me corto en recorrer hasta el último recoveco del capullo con mi lengua, provocando una sensación de quemazón que me llega hasta la columna vertebral, y es tan buena, que estoy seguro que la Jenny no se la ha hecho sentir a nadie por muy larga que sea su lista de comepollas oficial del insti.
   ¡Sí! Mi cuerpo empieza a relajarse y esta nueva elasticidad me permite llegar más allá, ¡Madre mía! Empiezo a meterme mucha más caña, no te puedes imaginar de qué manera me estoy follando mi propia boca… y lo peor de todo, me encanta… ¡Joder! Que quiere decir esto ¿que a partir de ahora me va a gustar comer pollas? ¿Y si termino de rodillas en cualquier gasolinera chupándole la polla a camioneros con poca higiene personal? O peor aun ¿Y si le acabo quitando el puesto de comepollas oficial a la Jenny? ¡Joder! Pero es que la chupo tan bien.
  Es curioso, puedo verme los huevos desde abajo en esta postura… ¡Joder! Voy a correrme de un momento a otro ¡mierda! ¿Será muy de maricón correrte en tu propia boca? pero es que no puedo parar… ¿Y si me dan arcadas al tragármelo  o se me queda el olor en el aliento para el resto de la tarde? Además ¿qué sabor tendrá? Según la Jenny tiene sabor salado, pero cuando leí “Como se hace una chica” de Caitlin Moran, su protagonista decía que sabía a lejía… ¡No puedo correrme en mi propia boca! ¿Pero qué coño estoy haciendo? He de parar ya… sí, ya paro… ya paro… ya… ¡Mierda!... Caitlin Moran tenía razón.


jueves, 28 de septiembre de 2017

Mojito Hotel



      Tío, fue uno de esos veranos tan calurosos que el reguero del sudor de los huevos te llega hasta las rodillas, ya sabes de que te hablo, y yo estaba en aquel maldito hotel con toda la jodida familia, era verano tío, eran mis putas vacaciones y a la zorra de mi mujer no se le ocurrió otra cosa que fuéramos a aquel maldito pueblo costero a pasar un par de semanas en la playa ¿puedes creértelo, tío? yo sólo quería tirarme en el sofá con un par de buenas birras congeladas y ver el maldito partido de fútbol, un Espanyol-Barça ¿sabes lo que es eso? y no me vengas con esas gilipolleces de que no te gusta el fútbol ¿a qué coño de hombre no le gusta el fútbol? ¿o es que eres un maricón de mierda?. Bueno, la cuestión es que sin darme cuenta me encontré en una de aquellas jodidas habitaciones de hotel barato con mi mujer, los jodidos niños y hasta con mi puta suegra, joder tío, quería morirme, que si vamos de paseo, que si los niños se aburren, que si a mi madre le apetece tomar algo, que si hay mucha gente en la playa, que si los guiris son unos mal educados, ¡pues claro que los putos guiris son unos mal educados! por eso son guiris ¿o qué coño se pensaba esa puta zorra? 


   Era el puto infierno, yo debería estar haciendo la ruta de los bares en mi barrio y no soportando a la imbécil de mi mujer, ya me había casado con ella hacía quince años y le había hecho un par de bombos de donde salieron esos dos niños con la misma cara de retrasados que ella ¿qué más quería? Así que una noche no pude más y me bajé al maldito bar del hotel, ella quería que bajáramos todos, será divertido, me dijo, habrá música y podemos invitar a un granizado a mi madre y a los niños, la muy zorra insistía e insistía una y otra vez y su maldita voz se me clavaba como un alfiler en el puto culo, así que no me quedó más remedio que meterla en el puto lavabo y soltarle un guantazo para que se callara, ¿pero qué coño se había creído? tú ya sabes cual es el sitio de una mujer decente ¿verdad amigo? y no es en el bar de un hotelucho de mala muerte, en eso estaremos los dos de acuerdo ¿no?

   La cuestión es que allí me encontraba, en aquel jodido bar, con un escándalo de cojones, un grupo de mierda que sólo sabía tocar música pachanguera y un montón de viejos intentando bailar penosamente. ¡joder! que espectáculo tío, esos putos viejos se pegaban a sus mujeres como si fueran a morir mañana, y si ellas no tuvieran ya el coño seco, estoy seguro de que irían dejando un charco de flujo vaginal a su paso de lo cachondas que estaban. Sí tío, el infierno, el puto y maldito infierno. Al segundo mojito no tuve más remedio que acercarme a aquel chaval con granos en la cara que se creía camarero, agarrarlo del cuello de aquella estúpida camisa y decirle que sí no sabía preparar un puto mojito en condiciones sería mejor que se dedicara a fregar el váter y le dejase el puesto a un camarero de verdad o no me quedaría más remedio que quejarme a su jefe después de arrastrar su patética cara de niñato pajillero por el suelo de toda la pista ¿y sabes una cosa? el chaval resultó no ser tan capullo y empezó a cargarme de ron los mojitos como Dios manda, sí, aquella botella de ron parecía no tener fondo y el chaval me guiñaba el ojo cada vez que me servía uno, quizá fuera maricón ¿quién sabe? pero al cuarto o quinto de esos mojitos la cosa empezó a mejorar bastante, los dos pavos que formaban la banda empezaron a tocar buenos temas, ya sabes tío, Bob Marley, Los Rolling, alguna de Rainbow... buena música y no toda aquella mierda de Shakira, Enrique Iglesias y Ricky Martin que habían estado tocando hasta entonces, porque seamos sinceros, estaba hasta la puta polla de escuchar el Despacito de los cojones. Me metí en la pista de baile y empecé a darlo todo, ¿te lo imaginas, tío? unos cinco o seis mojitos en mi cuerpo y toda aquella música bombeando en mis sienes, y es que aquellos dos malditos tipos eran buenos de cojones, no veas como tocaban los muy cabrones y como me movía yo. A los pocos minutos todas las viejas querían bailar conmigo, era el puto amo, yo me movía a mi puta bola mientras todas aquellas viejas se restregaban conmigo mientras sus maridos nos miraban con cara de amargados desde cualquier rincón del bar tomándose sus jodidos Bitter Kas, y como te puedes imaginar yo estaba puestísimo tío, tanto, que incluso me llegué a plantear subir a la habitación y darle un buen meneo a mi suegra después de terminar con mi mujer, pero entonces apareció ella, ¡no veas tío! menudo pibón, no hablaba ni zorra de español, pero no veas que pedazo de hembra, rubia, con el pelo largo, una camiseta cortada por la parte de abajo para que se le viera el ombligo y por la parte de arriba para que se le vieran todo lo posible las tetas ¡y vaya par de tetas! y unos shorts tan ajustados y cortitos que resultaba imposible no desear que se hubiera olvidado de ponerse las bragas. Así que me acerqué sin dudarlo a ese pedazo de monumento, que ya iba un poco puesta, y empecé a bailar con ella, tío tío tío, no veas como se movía la muy zorra, no hacía más que restregarme aquellas tetas por la cara y hablarme en inglés, francés, alemán o vete tú a saber que coño de mierda de idioma hablaba la muy puta, la cuestión es que después de unos cuantos mojitos más, los cuales compartí generosamente con ella, la tía tenía ganas de marcha y como en la pista de baile las viejas nos miraban con recelo -supongo que porque algunas de ellas se habían hecho ilusiones de acabar con este rabo bien metidito entre sus piernas-, y sus maridos lo hacían con cara de odio -y no puedo reprochárselo, porque después de haber estado frotando con mi polla a sus mujeres, estas habían resultado ser como una lámpara mágica y habían hecho aparecer a esta espectacular genio que pensaba encular antes de que terminara la noche-, y el grupo empezaba a estar cansado dando indicios de que la cosa estaba por terminar, pedí un par de mojitos más a aquel pobre chaval que resultó ser un ángel y nos fuimos a su habitación a estar un poco tranquilitos. Pero la muy puta no pudo aguantar tanto, y una vez dentro del ascensor dejó caer su baso contra el suelo, se arrodilló delante de mí y antes de que yo pudiera pestañear ya tenía mi polla dentro de su boca, y la verdad es que mi polla debía saber igual que los mojitos, porque aquella cabrona la mamaba como si no hubiera un mañana. Cuando el ascensor se paró, se levantó, me agarró de la polla y me arrastró por el pasillo hasta su habitación, por el camino también cayó mi último mojito, pero sabes una cosa, tío, no me importó, tenía combustible suficiente como para darle durante el resto de la noche lo que estaba buscando.

   ¡Joder tío! no te lo puedes ni imaginar, aquella tía no tenía límites, uffff, nada más entrar y cerrar la puerta se quitó aquella ridícula camiseta y deslizó los shorts por sus largas y depiladas piernas, me di cuenta de que no llevaba zapatos, estaba completamente descalza y con lo pies negros de mugre, pero que más daba, aquella zorra se abalanzó sobre mí metiéndome su lengua en mi boca mientras yo le deslicé una de mis manos por su cadera hasta llegar a sus bragas, ¿y sabes lo que hice, tío? le arranqué las bragas, sí tío, le arranqué de un tirón aquellas malditas bragas ¿sabes cuanto tiempo hacía que no arrancaba unas bragas? aquello me puso cachondísimo, tío, así que de un empujón la tiré contra el sofá y la muy gilipollas se quedó allí espatarrada, con su coñito bien abierto entre las piernas esperándome... y qué coñito tío, nada de esos coños depilados sin un puto pelo ni de esas mierdas de "brasileñas" que parecen que las tías tengan entre las piernas el bigote de Hitler, no tío, aquella periquita tenía una buena mata de pelo entre las piernas, si señor, porque un coño debe tener una buena mata de pelo y oler a lo que debe oler, ¡a coño! y te puedo asegurar, tío, que aquel coño olía a coño del bueno, así que me tiré sobre ella y le di de lo lindo, sí tío, boca arriba, boca abajo, a cuatro patas, sobre la mesa, en el suelo... y aquella mata de pelo se enredaba entre los pelos de mi polla como si fueran tentáculos que no querían dejar sacar mi polla de allí dentro, así que tuve que seguir dándole, sí tío, imagínatelo, le di en la cama, en el balcón, dentro del armario... incluso cuando ya habíamos terminado y me estaba duchando la muy golfa se metió conmigo toda mimosa bajo del agua y pude entrar un par de veces seguidas por la puerta trasera mientras estiraba el brazo y entrelazaba mis dedos entre aquella preciosa mata de pelo ¿y sabes lo mejor, tío? pues lo mejor de todo es qué resultó que la habitación de aquella zorra estaba a sólo dos puertas de la mía, tío ¿te puedes imaginar lo que es eso, chavalín? todas las jodidas noches deberían acabar así, te lo juro, beberte un buen montón de mojitos bien cargados, disfrutar de un rato de buena música, follarte a una periquita con una buena mata de pelo entre las piernas, darte una buena ducha y poder volver en calzoncillos a tu casa, joder tío, firmaría donde hiciera falta.

   La cuestión es que al año y poco la muy zorra se presentó ante la puerta de mi casa con un niño de unos cuantos meses y con cara de mongolo bajo del brazo diciendo que era mío ¿te lo puedes creer, tío? esa maldita furcia había estado estudiando español durante los meses de embarazo sólo para aprender a decir que aquella maldita noche la había dejado preñada, hay que joderse, ¿acaso el problema era mío? Era ella la que se había abierto de piernas a la mínima de cambio, que se lo hubiera pensado dos veces antes de ir por ahí haciéndose la guarra, además ¿como sabía yo que aquel jodido mongolo era mío? vale, es cierto que aquella noche le di una buena dosis de mi leche condensada, pero vete a saber a cuantos más se había tirado aquella furcia el verano pasado. La cosa es que yo no estaba dispuesto a reconocer a aquel maldito niño como mío, ya tenía dos niños con cara de retrasados mentales con mi maldita mujer ¿para qué coño iba a querer tener un bastardo, acaso se había pensado aquella puta que yo era Ned Stark? Así que la muy mamona empezó a gritar, y mi mujer salió y también empezó a gritar y mi maldita suegra también salió y se unió a los gritos y los vecinos comenzaron a aparecer en el rellano y todos gritaban y me insultaban y los niños lloraban y un terrible retorcijón se apoderó de mis tripas y yo sólo quería poder ir a echar una buena cagada pero aquella zorra no dejaba que me fuera y así que no me quedó más remedio que agarrarla por el pelo y estampar su jodida cabeza contra el marco de la puerta con todas mis fuerzas... Sí, tío, volví a darle de lo lindo a aquella zorra una vez más... y otra... y otra... y otra... 

   Pero bueno chaval, deja de llorar que no es para tanto, sólo tienes mi polla en tu culo y créeme, agradece que soy yo porque los otros no acostumbran a ser tan cariñosos y por aquí no suele llegar mucha carne fresca donde poder elegir, así que sé buen chico y mientras te termino anda, cuéntame ¿por qué te han encerrado a ti, pimpollo?

sábado, 19 de agosto de 2017

La tómbola



   Ni siquiera sabía por qué la había llevado ahí. La verdad es que no le gustaban las ferias ambulantes, siempre las había considerado una horterada, una muéstra física que representaba a la perfección esa España de pandereta que él tanto odiaba. Si se ponía a pensar, no le habían gustado ni de pequeño, cuando la llegada de una feria ambulante resultaba ser una verdadera revolución en aquel pueblo de pastoreo -que intentaba integrarse en la civilización- donde se había criado. Todos los niños enloquecían y corrían detrás de los remolques de los feriantes cuando éstos cruzaban por el camino principal, y una vez estacionados en el lugar perfecto, los niños se amontonaban a una distancia prudencial para espiar con gran interés como los feriantes se apresuraban en el montaje y preparativos de lo que, por la noche, sería la gran feria que alegraría el pueblo durante los días de fiesta. Pero él nunca se acercaba a aquellas viejas carrozas o rulots desgastadas por el paso del tiempo y los kilómetros, y mientras la tarde caía y las personas del lugar se ponían sus trajes de los domingos para tan magno evento, él se quedaba sentado en el escalón de la puerta de su casa viendo pasar a sus vecinos y amigos que, con gran jaleo por la excitación-  lo llamaban para que les acompañase en todas las diversiones y entretenimientos que aquellas ferias ofrecían. Pero él siempre negaba con la cabeza y los veía marchar alegremente hacía la plaza mayor del pueblo.
   -Eso son paparruchas -decía su padre sentado en su rincón preferido del salón, siempre con la bota de vino a mano y su navaja en el bolsillo-. Haces bien en no ir, hijo mío. Tu sitio está aquí, con madre y conmigo, y no dejándote embarcar por charlatanes y tomboleros.
  Alguna vez, por esas fechas, cuando sus padres se habían dormido, se deslizaba sigilosamente por la ventana de su habitación y se acercaba, sin ser visto, a la periferia de alguna de esas ferias. Intentaba encontrar y entender qué era eso que tanto les atraía a sus amigos y vecinos, pero observar la feria de lejos, con sus luces, sus sonidos, las voces de los feriantes intentando persuadir a las personas para que comprasen un boleto con la esperanza de ganar algún gran premio en las tómbolas y el jolgorio de todos sus amigos correteando de un lado a otro sólo le provocaba un sentimiento de soledad y tristeza que lo obligaba a dar media vuelta y volver cabizbajo a su casa.
   Por eso no entendía como se había podido dejar convencer para ir a una. 
   -Será divertido. -Le había dicho ella cuando paseando se toparon por casualidad con todas aquellas luces y sonidos-. Como cuando éramos pequeños.
   Ahora paseaban por los callejones formados de forma artificial por las casetas y caravanas. En cada una de ellas se escuchaba una canción diferente y parecía que competían por ver cuantos decibelios podrían soportar sus altavoces antes de reventar. 
   Ella lo miró, una sonrisa infantil se le escapó de sus labios justo antes de volver la cabeza hacía otro lado interesada por toda aquella parafernalia. Él la miró, hacia poco que se conocían y esta era una de sus primeras citas, ella separada y medio arruinada porque su ex-marido no le pasaba la pensión para ayudarla con la manutención de sus dos hijos y él, divorciado desde hacía diez años, todavía no se había recuperado del todo de aquel vacío existencial que había dejado su ex-mujer en su vida al marcharse. Dos personas adultas, de unos cuarenta y cinco años de edad intentando aparentar normalidad en sus vidas; ella buscando alguien que le ayudará a mantener a sus hijos bajo un techo. Él con la única intención de no morir solo.
  Lo agarró de la mano y tiró con fuerza de él. 
   -Vamos a mirar aquella tómbola, -le dijo, mientras lo obligaba a caminar en la dirección deseada-. Mira que osos de peluche tan bonitos tiene, ¡y fíjate que tamaño!
   Se pararon frente a la caseta, una vieja  caravana pintada de rojo y con bombillas de colores colgadas a todo su alrededor. Por un par de altavoces colgados con alambres de forma arcaica, se podía escuchar una selección de todas las "canciones del verano" desde los años setenta hasta la actualidad.
   -Mira aquel -le dijo, señalándolo con el dedo-. ¡Es precioso!
   Estudió la tómbola detenidamente, el juego era bastante simple, un centenar de cuerdas azules colgaban sujetas en un manojo en uno de los laterales de la caravana, estas corrían entrecruzándose las unas con las otras por todo el techo de donde colgaban de ellas toda clase de premios, desde osos de peluche de todos los tamaños, formas y colores, a botellas de vino barato, pequeños electrodomésticos como tostadoras o viejos radiocasetes grisáceos o premios de menor valor e importancia que podían tirarse a la basura nada más haberlos conseguido.
   -Vamos, caballero -le dijo la voz ronca y alcoholizada del feriante-, un euro por intento. No sea tacaño, haga realidad el sueño de la señorita.
   Él lo observó sin poder ocultar un poco de desprecio en su mirada.
   -Un euro -pensó-. Cuanto dinero ganará este farsante haciéndoles creer a pobres ingenuos que pueden conseguir sus sueños por un euro.
  Él la miró, ella no apartaba la mirada de aquel gigantesco peluche. Ella ya no era muy joven, pero aún y así la encontraba bastante atractiva, aunque sus pechos empezasen a colgar revelándose contra la gravedad y el efecto mágico del sujetador y sus muslos estuviesen tatuados por temblorosas estrías que asomaban bajo su minifalda. Pero a él no le importaba todo aquello, total, hacía casi siete años que su abultado abdomen le impedía poder mirarse los genitales desde arriba y todavía seguía pensando en que escusa le daría cuando, llegado el momento, su eyaculación precoz lo delatase. 
  Se metió la mano en uno de los bolsillos de sus tejanos gastados y rebuscó con la punta de los dedos hasta que fue capaz de atrapar una moneda con ellos y se la ofreció a aquel hombre que, con un gesto desganado, le invitó a que eligiera una de aquellas cuerdas. Metió la mano dentro de aquella maraña de cordeles azulados, tardó casi un minuto en elegir uno. Lo agarró, fuerte. Cerró los ojos y respiró hondo, el olor a palomitas de maíz, algodón de azúcar, perritos calientes y manzanas caramelizadas inundó sus fosas nasales, quizá fuera aquello lo que tanto había atraído en el pasado a sus vecinos del pueblo.
   Tiró, sin pensárselo más, de aquella cuerda que sujetaba con la mano, está se tenso, algo se balanceó en el techo; ella abrió los ojos como platos.

miércoles, 14 de junio de 2017

Presentación "Lenguas de lava"

   El próximo día 30 de julio a las 19:30, mi hermano de letras Franciso Cazorla y yo haremos la primera presentación del poemario escrito junto con Daniel Aragonés y diego Torres "Lenguas de lava" en la librería ON THE ROAD de Barcelona (C/ Verdaguer i Callís, 14).



   Esperamos veros por allí y pasar un buen rato mientras disfrutáis con nuestro maestro de ceremonias "Moribundo Insurgente" y nuestro escritor invitado para recitar "Cornelio Lara". 







Lenguas de lava es una explosión lírica. Sátira de callejón. La representación poética del apocalipsis más falso de la historia.
Cuatro eyecciones. Cuatro poetas. Cuatro farsantes.
Lírica de lo políticamente incorrecto. Una sacudida convertida en imagen única. Almería, Barcelona y Madrid en un mismo escenario. Un mundo arrugado como una bola de papel.
Cuatro ruinas. Cuatro pasos. Cuatro viajes de ida.
Lenguas de lava es la voz más irreverente de la incoherencia, también conocida con el nombre de SOCIEDAD.

martes, 30 de mayo de 2017

So Ham


Sonríe.
Lávate los dientes,
frótalos hasta que el cepillo
te haga escupir
hilos de sangre entre la espuma blanquecina. 
El día empieza.
Ropa interior limpia,
vaqueros gastados y All Stars rotas. 
Eres la hostia, insuperable, irrepetible.

Inspira (sooooooo).
Expira (haaaaaam).

Los últimos nunca serán los primeros,
la selección natural
no se anda con tonterías
y tú siempre has sido el último.
El último en nacer,
el último llegar,
el último en ser elegido
para el partido a la hora del recreo,
el último de esa interminable cola
en la charcutería  del supermercado.

Inspira (sooooo).
Expira (haaaam).

Te llamarán "gordo"
si el aliento te huele a Donnuts,
"pelota" si te huele
al culo de tu jefe
y "puta" si lo hace
a semen demasiado ácido.
Al final no somos más
que meros adjetivos
-intenta que sean humillantes,
así será más divertido-
una simple palabra
y tu vida quedará calificada
para siempre.

Inspira (sooooooo).
Expira (haaaaaam).

Escribe poesía,
participa en Jams literarios,
haz recitales,
presenta tu puto libro,
dales lo que quieren,
nunca serás nadie
si no perteneces a esta 
farándula de mierda
y tú... tú eres la polla.

Inspira (sooooooo).
Expira (haaaaaam).

Un puñado de poemas
que nadie entiende.
Unos libros 
que nadie compra.
Tranquilo.
Tu momento de gloria
está a la vuelta de la esquina,
pero cuidado no se te escape
mientras realizas tu deposición diaria
en el vater de cualquier
bar de mala muerte.
El infierno está lleno
de buenas intenciones y las cañerías
de fecalomas que impidieron la gloria.

Inspira (sooooooo).
Expira (haaaaaaam).

Alcanza el Nirvana
hasta pasarlo de largo,
estás por encima de todo,
de la paz mental,
de los barbitúricos,
de la muerte poniéndote
huevos en el estómago,
de los parásitos
en las heces...
El día comienza,
Lávate los dientes. Sonríe. Inspira (sooo....

lunes, 1 de mayo de 2017

Lucía



   Deslizó la mano con dulzura entrelazando los dedos por aquella mata de pelo negro, separó un mechón y se puso a juguetear con él enroscándolo en uno de sus dedos, creando un tirabuzón perfecto. La melena de Lucía siempre le había vuelto loco, desde el primer día que la conoció fue en lo primero que se había fijado, en aquella cabellera morena y en sus ojos marrones, y es que Lucía siempre lo había mirado con cierta expresión de lascivia con aquellos preciosos ojos marrones.
   —Vamos, nene, acércate un poquito más —le dijo Lucía atraiéndolo hacia ella—, no voy a comerte.
Miró los labios de ésta mientras ella hablaba, unos labios carnosos, maquillados con carmín rojo y brillante como a él le gustaba, Lucía nunca escatimaba en los pequeños detalles y siempre hacía cualquier cosa por complacerle. La verdad es que no podía dejar de preguntarse como era posible que una chica como Lucía se hubiera fijado en un tipejo como él, tímido, solitario, con escasa vida social <<por no decir ninguna>> y encerrado, casi de por vida, en su cuarto con la nariz pegada a aquel ordenador. Se había creado una verdadera vida virtual en las redes sociales, a salvo de intrusiones, escondido tras un avatar y un nombre falso; por eso, cuando Lucía irrumpió tan de repente en su patética existencia, creyó haber muerto y estar en el cielo.
   Los labios de Lucía seguían moviéndose de forma sensual al hablar, pero él ya no la escuchaba, tan sólo se dejaba atrapar por aquella carnosidad roja y excitante. Su polla empezó a hacerse notar bajo los calzoncillos; sí lo pensaba bien, aquella situación casi le parecía grotesca, su polla, cada vez más amoratada e hinchada, mancillando con su roce los calzoncillos que con tanto cariño le había comprado su madre; pero es que Lucía siempre conseguía sacar lo peor de él, lo mangoneaba y excitaba a su antojo, consiguiendo que el animal que llevaba dentro aullase desesperado con tan sólo mirarla.
   La agarró y de un pequeño empujón pegó el cuerpo de ella al suyo con violencia, la mirada de Lucía chispeaba y sus labios se deformaron en una sonrisa lujuriosa que a punto estuvo de provocarle una eyaculación precoz. Acarició los labios de ella, primero despacio, con cariño, pero, conforme iba notando la cremosidad del pintalabios en las yemas de sus dedos, los restregó con más pasión hasta que corrió todo el carmín por la piel pálida de la cara de ella. Lucía se introdujo el dedo índice de él en la boca y lo chupó de tal forma que no pudo evitar imaginarse que era su miembro el que estaba disfrutando de las caricias de las mucosas bucales de Lucía. La excitación le hizo flaquear las piernas de tal manera, que tuvo que dejarse caer y sentarse sobre el blanco y frío inodoro. Lucía sonrió al verlo sentado y empalmado en en váter y se arrodilló a su lado.
   —Por Dios, mi niño, que vamos a hacer con esto —le dijo señalando hacia su palpitante polla—, va a reventar de un momento a otro.
  Él la miró suplicante, la desnudez de ella era perfecta, una verdadera diosa del sexo a su servicio. Agradeció a Dios, una y mil veces más, la llegada de Lucía a su vida.
   —Por favor... Lucía... me va a dar algo.
   La mano de Lucía acarició el rostro sudado y tembloroso de él. Sus dedos, finos y largos, terminados en unas cuidadas y femeninas uñas pintadas de rojo, a juego con sus labios, empezaron a deslizarse poco a poco hacia abajo, pasando primero por su cuello, luego, entreteniéndose unos segundos pellizcando uno de sus pezones para seguir el recorrido por el abdomen y encontrar el final de su camino en aquella polla erecta y desesperada. La mano de Lucía se aferró a ella con fuerza, subió y bajó un par de veces desde la punta del glande hasta la base de pelo grueso y rizado, luego apoyó la yema del dedo gordo sobre el frenillo e hizo unos pequeños movimientos circulares con este.
   —Ahora sí, cariño, te voy hacer ver el cielo —y empezó a mover el brazo con un movimiento más rápido y mecánico.
   Él se dejó llevar por el roce de la mano de ella en su polla, observó extasiado las uñas pintadas de rojo, los labios brillantes, el carmín corrido por la cara y la melena de pelo negro y largo... Lucía, su amazona salvaje, su lujuriosa compañera, su amor...
   —¡Oh Dios! —gritó—. Sigue así, amor mío... no pares... no pares... oh sí, Lucía... pero que puta eres... que puta eres... ¡que puta eres!
   Llegó al clímax entre estertores y jadeos, se relajó intentando recuperar su ritmo cardíaco, notó el calor y la humedad en la palma de la mano, bajó la mirada y observó como el semen se escurría entre sus propios dedos con las uñas pintadas de rojo. El recuerdo del reciente orgasmo desapareció dando paso a la vergüenza y el asco. Se levantó del váter y se dirigió al lavabo arrastrando los pies para no tropezar con los pantalones bajados hasta los tobillos. Levantó avergonzado la cabeza y clavó la mirada en los ojos marrones que lo miraban desde el otro lado del espejo, sus labios pintados le mostraron una mueca de desagrado, el carmín le había teñido de rojo los pelos de su mentón sin afeitar. Se quitó la peluca con la otra mano y la arrojó hacia a un lado. Abrió el grifo y metió las manos debajo del agua fría; un par de golpecitos quedos llamaron a la puerta.
   —Hola, ¿qué haces ahí dentro tanto rato? —le dijo la voz al otro lado.
   —Nada, mamá —le respondió—. Estoy con un poco de diarrea, sólo eso.
  —Bueno, ya me parecía raro a mí todos esos ruidos. Te he dejado encima de tu cama un paquete de calzoncillos nuevos, he pasado por la merecería de la señora Antonia y no me he podido resistir... son tan bonitos y estaban tan baratos.
   —Gracias, mamá —le contestó mientras se frotaba las manos con el jabón.
   —Por cierto, hijo, a ver cuando invitas a comer a esa nueva novia tuya que tienes... cómo dices que se llama... Lucía ¿no? A tu padre y a mí nos gustaría conocerla.
   —Sí, mamá, algún día... —respondió mientras observa como la espuma y los restos de semen se colaban por el desagüe siguiendo los círculos del agua— ...algún día.




viernes, 17 de febrero de 2017

Bastardo de Hank

(Homenaje a Bukowski)












miércoles, 15 de febrero de 2017


Aquellos zapatos
olían a verdadera muerte.
Cada mañana los dejaba
sobre su taquilla
y apestaban a
pescado podrido
con un poco de vómito 
en su interior.
Algunos le decíamos

-Eh, tío, mete esos putos
zapatos dentro de 
tu taquilla y lávate
los pies ¡por Dios!

Pero él nos sonreía
como si no entendiera
nuestro idioma
y se marchaba a ocupar
su puesto de trabajo
dejándolos allí arriba.
Al terminar la jornada
todo el vestuario apestaba
a los pies
de aquel tipo;
las baldosas,
el suelo, las puertas
y los laterales de las taquillas,
todo se corroía y
oxidaba por aquel
nauseabundo olor.
Teníamos arcadas
mientras nos cambiábamos
y el olor se pegaba a nuestra ropa limpia,
a nuestro pelo, a nuestra vida.
Y él sonreía 
mientras le decíamos

-Eh, tío, lárgate de una vez
y no te atrevas
a volver mañana
o te mataremos.

Pero a la mañana
siguiente
todos volvíamos a estar allí,
aspirando de nuevo
el olor a muerte
del interior
de aquellos zapatos.


sábado, 31 de diciembre de 2016

3º Brote psicótico

(El último chute)




  Termina el año. A la izquierda la voz de tu pareja susurrándote al oído un "te quiero", a la derecha la tuya propia preguntándote si aguantarás otro año más siendo el protagonista de esta eterna tragicomedia que es tu puta vida. Se cierra el telón, aplaudes desde el patio de butacas, también eres el único espectador, no te importa, ya tienes los pies al borde de la cornisa y notas el viento en la cara, pero tranquilo, así empiezan las buenas películas, por el final, para que la gente quiera saber que ha llevado al "prota" a estar en esa situación. Ojalá lo hubieras pensado antes, o de día, así habrías podido saltar sobre la gente que hace cola en la puerta de la oficina de desempleo y terminarían el año con algo interesante que contar. Pero es de noche, como en todas las escenas de suicidio de las películas antiguas; una copa de vino, una bañera llena de agua caliente y una bella actriz, de piel blanca y lágrimas de cocodrilo, simulando cortarse las venas. Pero la actriz, como los grandes clásicos, nunca muere, y la volverás a ver una y otra vez en otras películas interpretando a distintos personajes, pero tú sólo conseguiste un mísero papel en esta función de escaso guión.
   Termina el año. Unas felicitaciones por el facebook, algunos besos en la mejilla de cualquier conocido, una canción de "Th'Legendary Shack'Shakers" que se repite en tu cabeza una y otra vez, esas llamadas telefónicas que no le hiciste a tu madre a tiempo y unos cuantos botes de conservas en la estantería de la despensa que se pasaron de fecha, hace ya algunos años, esperando que llegará de una vez por todas un "Holocausto zombie" para que la vida de los demás se asemejase un poco más a la tuya (pero sin desearle mal a nadie, tan sólo algún tiro en la cabeza, pero por pura supervivencia).
   Termina el año. Escribes una lista de propósitos y buenas intenciones. Las "Converse" demasiado rotas; escritos mugrosos publicados en un blog cualquiera, millones de poesías, manifestándose en forma de vidas agenas, creando laberínticos cruces de caminos donde poder perderse y no ser alguien (o ser nadie o como coño se diga); doce gotas de cianuro, una por cada campanada, esperando dentro de una lujosa copa de cristal de Bohemia a que brindes con ellas junto con ese preservativo que falleció de viejo en la cartera de tu "yo adolescente". 
   Termina el año. El reflejo del espejo te introduce en el vórtice de tu propia pupila. No hay letras suficientes para plasmar en un papel todos tus pensamientos. Es un mundo de mierda en el interior de una vida de mierda. Un reproche porque "te atreves a llamarlo poesía"; noches en vela, todas ellas "las últimas del año" a su manera y libros, todos los que leíste, los que se te quedaron sin leer, los que nunca escribirás o los que publicaste y pasaron sin pena ni gloria por un mundo con más escritores que lectores. Chutátelos todos, poemarios, biografías, cuentos y leyendas. Chutátelos todos, en vena o directamente al cerebro, sin compasión, los autores que te salvaron de un suicido o los que te mantuvieron a salvo entre cuatro paredes y un mundo de letras. No eres nada, los libros que leíste, los poemas que alguna vez has escrito, las cartas de rechazo o las editoriales que soñaron con enriquecerse con las obras que jamás vendiste porque no le interesaron a nadie. Pero chútate esos libros, sí, directos a la cabeza o infíltratelos en esa articulación que te está jodiendo desde hace meses. Tan sólo un chute, la adicción llegó en el mismo instante en que abriste la primera portada y clavaste la mirada en las primeras letras impresas, así que no te atrevas a echarle la culpa a la pobre aguja.

   Termina el año. Soledad y telebasura. Alcohol para tumbar a un elefante y una sonrisa grapada a la cara. Deja de dudarlo, no te hagas de rogar, después del último libro vendrá otro, y otro, y otro, y las ganas de suicidarse, y terminará otro año el año que viene. Métete ese chute, tendrás todo un año para eyacular, odiarte a ti mismo y soñar con la exterminación mundial (o con la tuya propia) pero sólo esta noche para leer lo que no hayas leído antes de que termine el año, porque, no sé si te lo he dicho ya, pero "termina el año".

viernes, 30 de diciembre de 2016

Ya lo dijo Ted Kaczynski



(Dedicado a Javinho Do Sousa)


  —Imagínate por un momento que mañana se muda un vecino nuevo al piso de arriba. —Inhala de su cigarro como si fuera el último que va a fumarse en su vida—. Al principio ni te inmutas, qué más da tener a otra persona viviendo ahí arriba, así que no le das mucha importancia. —Lo miro curioso, él percibe mi interés y se viene arriba, sigue fumando, pero esta vez lo hace de forma chulesca, dejando que el humo se escape tímidamente por los agujeros de su nariz mientras me mira a los ojos—. Pero un día, ese capullo, empieza a darle al taladro, y claro, no te extraña, ese subnormal acaba de mudarse hace poco, así que piensas que es algo normal, que el pobre tiene que acabar de hacer sus cosas. Para ahí. —Detengo el coche en mitad del descampado, paro el motor girando la llave y echo el freno de mano—. Pero al otro día, ese hijo de puta empieza a darle de nuevo de buena mañana, es un puto sábado, estás cansado, ayer cerraste todo el día y lo último que te apetece es que alguien te joda a las siete de la mañana con un jodido taladro, pero en el fondo eres buena persona, así que te das la vuelta en la cama, te pones la almohada sobre la cabeza e intentas dormir inútilmente un par de horas más. Pero ahí no queda la cosa. —Abre el cenicero del coche, unas cuantas comillas intentan escaparse de forma desesperada de su interior, él, con toda la tranquilidad del mundo, enciende otro cigarro con la colilla del viejo antes de introducirla en esa especie de "cementerio de elefantes" que es el puto cenicero del coche; la verdad es que el humo empieza a estancarse en el habitáculo, se mezcla con la música de Johnny Cash que sale por el único altavoz que funciona y provoca que me escuezan los ojos; él, me mira divertido mientras sujeta el cigarrillo entre los labios—. Por dónde iba, ah sí, coño... llega el domingo, amanece, tú estás tirado en la cama con una jodida resaca de la hostia, no sabes cuantas birras te bebiste anoche ni cuantas zorras te chuparon la polla, pero ese maldito cabrón empieza a taladrar de nuevo, tú te dices "¡pero qué coño! es el puto jodido domingo", y ese malnacido agujerea y agujerea la pared sin compasión. Sí, este parece un buen sitio ¿cómo cojones se abre esta jodida puerta? —Salimos del coche, la oscuridad nos ampara por completo, a lo lejos se escuchan los coches por la autopista, un poco más allá, en una granja cercana, algún animal trasnochado emite alguna clase de extraño sonido. Cierra la puerta de un portazo y apoya los brazos sobre el techo del coche mientras observa concentrado la débil luz que emite su cigarro, lo mueve varias veces de un lado para otro y observo cómo la pequeña lumbre de la punta crea una línea de luz en mitad de la oscuridad reflejándose en sus ojos—. Y como te he dicho antes, tú eres un buen tipo, no, que digo de "buen tipo", eres la jodida puta madre Teresa de Calcuta, así que te dedicas a potar una y otra vez toda la birra que tú hígado no ha sido capaz de asimilar y a tomarte paracetamoles como si fueran gratis, pero ese hijo de la grandísima puta taladra y taladra sin parar, le da lo mismo que sea domingo, de día o de noche, la hora de comer o la de la siesta, ese pedazo de mierda sigue y sigue taladrando, incluso en navidad, y tú te indignas y le dices a todo el mundo ¡Vamos, hombre, no me jodas, qué es navidad, el cumpleaños de nuestro señor!, pero a ese descerebrado del puto Santa Klaus le trae otro taladro nuevo y adivina, el muy lumbreras se pone a taladrar de nuevo, una y otra vez, como si le fuera la vida en ello. —Me hace una señal y nos dirigimos a la parte trasera del coche, me apoyo ligeramente sobre la puerta del maletero, meto mis manos en el interior de los bolsillos de la chaqueta y me encojo de hombros, hace un frío de tres pares de cojones; lo miro mientras se da la vuelta dándome la espalda, gesticula violentamente, su aliento cargado de alcohol barato y tabaco llega a mí a través del frío aire de la noche. Tira de un capirote la colilla del cigarrillo hacia un lado, durante unos instantes un pequeño foco de luminiscencia ilumina levemente los matorrales donde ha caído la colilla—. Y pasan los días, las semanas, los meses y ese pedazo de cabrón no suelta el puñetero taladro ni para cascársela, tío; es una pasada, el muy hijo de perra debe de tener la casa como un asqueroso queso de Gruyer, pero el tío sigue y sigue taladrando sin parar; así que llega un día en que revientas, no lo soportas más, quieres subir y darles de hostias hasta que puedas arrancarle el jodido taladro de sus putas manos muertas y metérselo por su jodido culo, pero cuando estás a punto de salir por la puerta, entonces, recuerdas que eres un buen tipo, una persona pacífica, un jodido ciudadano ejemplar que paga sus impuestos y vota cada cuatro años, así que te das media vuelta, te sientas en tu sillón favorito, enciendes el puñetero televisor y empiezas a ignorar el taladro hasta que aprendes a no escucharlo. —Saca el paquete de Ducados del bolsillo trasero de su pantalón, le da un par de golpecitos en el culo y saca otro cigarro que se mete automáticamente en la boca; me hace un gesto con las cejas, abro el maletero y miro en su interior, el pobre muchacho está hecho un asco, las lágrimas y los mocos le llegan hasta la mordaza que a su vez se ha empapado con la saliva por el tiempo que hace que la tienen entre los dientes, incluso el pobre diablo se ha meado encima. Él lo mira indiferente, le da una calada al cigarro hasta llenarse bien los pulmones y escupe el humo en una fina línea hacia el cielo de la noche—. Pero sabes una cosa, por mucho que ignores el sonido de ese taladro, por mucho que te empeñes en convencerte a ti mismo de que realmente no lo escuchas, ese puto taladro no dejará de existir, no desaparecerá por mucho que tú quieras, estará ahí día tras día y noche tras noche jodiéndote el resto de tu puta vida ¿y sabes por qué? Pues por no haber tenido los santísimos cojones de haber subido al piso de arriba y haberle dado de hostias a ese desgraciado hijo de la gran puta hasta haber podido quitarle el taladro de sus manos muertas y habérselo metido por su maldito culo. —Su cara se ilumina cada vez que le da una calada al cigarro, otorgándole un aspecto gótico y malvado. Apenas puedo distinguir su mirada en la oscuridad, pero esta no se aparta del muchacho maniatado del maletero, lo mira girando la cabeza levemente mientras sujeta la puerta del maletero con una mano y su cigarrillo con la otra—. Ya lo dijo Ted Kaczynski: "la no violencia es la muerte". — Javinho Do Sousa le lanza el cigarrillo a la cara con desprecio, el muchacho se retuerce asustado, todos los olores de su cuerpo se mezclan en uno solo, el olor del miedo y la desesperación. Javinho se dirige a la puerta del copiloto, la abre, la música de Johnny Cash se escapa momentáneamente del interior del coche; Javinho deja caer su cuerpo en el asiento y cierra de un portazo, por el reflejo del retrovisor puedo ver como se enciende otro cigarro—. Una preciosidad de botella Jack’s me está esperando en casa, así que Juan, acaba de una puta vez e intenta no pringarlo todo como en la última ocasión. — Miro al chico, que a su vez me mira a mí, asustado, desorientado, suplicante—. Puto karma ¿verdad muchacho? —le digo— Seguro que ahora mismo estás maldiciendo el puñetero día que se te ocurrió comprar ese jodido taladro.









sábado, 10 de diciembre de 2016

#miabrigomibufandayyo



Una rumana con sonrisa de oro me pide dinero,
un avión hacia ninguna parte,
una vieja limpiando los cristales de su balcón,
un trapo húmedo.
Sigo sin esperar mucho de la vida.

#miabrigomibufandayyo

Una existencia clavada al suelo,
la sombra del tripulante de un barco de papel,
aguas fecales,
el final del camino.
Y al final, un camino.

#miabrigomibufandayyo

Un cuerpo en espera de descomposición,
carne dentro de ropa sudada,
frías vías que no llegan a ninguna parte,
un bolígrafo escribiendo sobre papel mojado.
Cartas escritas a una muerte ausente.

#miabrigomibufandayyo

Una vida de calle en calle,
una búsqueda que no encuentra la soledad deseada,
unos pies sin dueño entre la basura,
ese festivo que nunca llega en el calendario.
Y de nuevo, estupefacientes en exceso.

#miabrigomibufandayyo

Versos robados a una mente cualquiera,
encías incapaces de seguir sujetando los dientes,
excretas endurecidas negándose a abandonar el barco,
burda imitación representada en sombras chinas
y la voz diciendo que "por hoy todo ha terminado".
Se cancela la función hasta mañana.

#miabrigomibufandayyo

Un cuerpo arrastrado por la marabunta,
narrativa mal estructurada,
un escritor sin nombre,
la novela a la que no supe ponerle título.
Un "the end" entre cubiertas ilustradas.

#miabrigomibufandayyo

Personas aplastadas bajo el peso del cielo,
rigidez en las articulaciones,
rigor mortis tras cada orgasmo,
una puerta sin habitación al otro lado,
una habitación sin puerta de entrada.
Pasos caminando tras huellas anónimas.

#miabrigomibufandayyo

Ruido en el interior del interior de la cabeza,
desgracias escritas en carteles de cartón,
semen despertando del  aletargado sueño de la abstinencia,
cocaína sobre tetas de silicona y penes alargados
por cirugía paliativa.
El ataúd donde enterraron a todos los hermanos gemelos muertos.





sábado, 26 de noviembre de 2016

Presentación "a nadie le importa que sangren las flores"

  No hay mejor forma de terminar el año que con la publicación de un nuevo libro. Por eso quiero invitaros a todas y todos a la presentación de mi nueva obra, un poemario llamado "A nadie le importa que sangren las flores". 


  Tendrá lugar el próximo día diecinueve de Diciembre, a las 19 horas en el "Centre Civic Cotxeres de Sants".

  Para mí, es todo un sueño poder publicar un poemario, pues la poesía ha sido siempre mi forma favorita de expresión, a parte de haberse convertido en mi forma de vida, leo poesía siempre que puedo, veo poesía allá donde mire, pienso en poesía cada vez que mi cabeza se activa y escribo poesía aun sin quererlo.

Este es un poemario que escribí hace algunos años y que ha permanecido paciente guardado en un cajón esperando a que le llegara la oportunidad de estar entre vuestras manos, y es todo un sueño hecho realidad tener la oportunidad de que así sea. Gracias editorial Seleer.



 Aquí os dejo una pequeña muestra de lo que podréis encontrar en "A nadie le importa que sangren las flores", siempre hecho con todo el cariño y esperando que os guste. 



  Y sin más que decir, tan sólo que es un honor poder invitaros a este pequeño evento, no el más importante del mundo, pero sí el más importante para mí.